31.8.12

Amsterdam: Day 3




Tercer día, y mis pies ya vuelven a estar listos para caminar sin parar… Tras coger un metro descubierto llegamos al primer sitio a ver, el museo Rembrandt, uno de mis pintores favoritos: sin duda escogería esta visita como mi favorita de todo el viaje. Lo que más me gustó fue cómo lo presentaban, al contrario que otros museos, en el que solo exponen cuadros en una pared: este el museo era la propia casa donde vivió y trabajó Rembrandt, tan bien conservada que parecía que aún seguía pintando allí, con gran cantidad de objetos originales, muebles y cuadros… 


































Después de esta extasiante visita fuimos de paseo por el Dam, donde nunca dejas de ver cosas nuevas, y al Museumplein, donde realizamos varias visitas… La primera, al museo del diamante, en una casita de paredes blancas y moqueta azul te presentaban el complejo trabajo desde que se encuentra el diamante hasta que llega a los escaparates de las joyerías, muestras de diferentes joyas y diamantes famosos, y una sala de espejos con una única joya en el medio, una cabeza de un primate cubierta de diamantes originales, haciendo honor a la excéntrica cabeza humana de Damien Hirst, que a mí me sigue cautivando. 









































Tras un rápido lunch pasamos por el museo de los tulipanes, un sitio curioso al que se me había antojado ir. Desde fuera decepcionaba un poco porque parecía una simple tienda, pero al pasar al interior la cosa mejoraba por momentos: un pasillo lleno de tulipanes de madera y espejo nos cerró el paso durante unos instantes en los que aprovechamos para hacer alguna foto, y otra puerta distinta se abrió dándonos la bienvenida al museo. Bajando por la escalera, unas salas muy coquetas y curiosas te explicaban de forma divertida la historia, proceso y cultivo de estas preciosas flores que yo, ya tengo en mi casa listas para plantarlas en cuanto sea la época… 



















Sin embargo, al salir el tiempo cambió completamente, comenzó a llover y nos refugiamos en la sinagoga portuguesa, un lugar que parecía todavía repudiar todo atisbo de modernidad: no había corriente eléctrica, el interior aún se iluminaba con velas, y el suelo parecía no haberse limpiado nunca, pero se agradecía la calma que habitaba en el lugar.






















Cruzamos el Vondelpark como si de Central Park se tratase, y pude meterme en otro de los centros comerciales que más llamaban la atención desde el Dam, el Magna Plaza. Sólo por su arquitectura merecía la pena echar un vistazo, aunque el interior era pequeño, con tiendas un poco decepcionantes…
















El museo de Van Gogh no fue nada excepcional: un edificio enorme con actuaciones de música y salas que albergaban más cuadros de otros artistas que del propio pintor, y una tienda en la que vendían todo lo imaginable con el estampado más archiconocido: el de los girasoles, efectivamente. Cuando salí no sabía si había estado en un museo o todavía seguía en el centro comercial.








De repente, cruzando la calle, me encontré la famosa calle P.C. Hooftstraat, donde pude alegrarme la vista contemplando los escaparates de las tiendas más famosas, reunidas todas en apenas un par de calles… Gracias a dios estaban cerradas, y mi tarjeta no sufrió daños.




















Por la noche decidimos darnos un homenaje: después de nuestro breve lunch mañanero fuimos a la calle Zeedijk, junto al barrio rojo, y famosa por sus numerosos restaurantes de comida asiática… Tomamos una deliciosa cena en un tailandés, y visitamos el barrio gay, en rembrandtplein, sin duda la zona más animada de la ciudad a esas horas de la noche...











XO XO


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